Sebastián Jorgi – GOTÁNGEL.Diseño de Tapa: Efráin Guerra
SEBASTIÁN JORGI – GOTÁNGEL(novela-fragmento) páginas 64 y 65.
Gotángel- 1ª ed. – Buenos Aires: El Alba Editores, Colección Los Robinsones, 2010.
Grandiosa fue la recorrida del cantor y del poeta desde Santa Magdalena a Salmún Feijoo para recalar luego en Herrera y Suárez – primero – y en Montes de Oca y Suárez - después. Mientras todos gozaban absortos con toda la atención la caminata musical, yo vi en el cielo un ángel de lengue y sombrero que tocaba el bandoneón que se abría de par en par y volvía a cerrarse, arrullado por un movimiento del ángel cuya cabeza se inclinaba hacia abajo y hacia un costado, una y otra vez. Figura blanquecina que de pronto se alejaba, se desvanecía, volvía a tomar cuerpo, se acercaba. Estupefacto, pasados los primeros minutos, reaccioné y les señalé (a todos) con mi mano derecha para que se enterasen de lo que pasaba ahí nomás, encima del cortejo musical.
No me hacían caso: al contrario, me miraban como a un escapado de Vieytes(no estaba tan lejos el loquero) y siguieron marcando compases y coreando la letra Barracas, vos guardás en tus esquinas aquel viejo Buenos Aires, un tango y una ilusión.
Una figura blanca, cuyo rostro lucía un bigotito negro y la boca plena de risa, pero el bandoneón permanecía mudo. Tan sólo se escuchaba la grave voz de Alberto Lander, el autor de la música del tango Para Barracas. Nadie vio al ángel- bandoneonista que surcaba el cielo ya anochecido, en que ya se disfrutaba la hora del descanso de la diaria actividad fabril. Nadie. Sólo yo pude observar las piruetas - como si estuviese jugando – que hacía el fantasmito del fuelle, que tomaba una u otra posición. A quién le podía confiar este asunto, el de la increíble visión del ángel del bandoneón, a quien sino al taita Puleiro o al colorado Guavigliany, gomías que seguro me creerían. Me creyeron más allá de lo imaginable. Al correr del tiempo, se sentían propietarios de la visión de ángel del fuelle. Es más, andan diciendo que cuando llega diciembre el fantasmita se aparece y hace varia piruetas sobre todo Barracas. Que hasta se oyen los acordes de un Tange que parece ser El Marne. La deducción de que el duende en cuestión es el ángel de Eduardo Arolas, resulta obvia para todos los que nos sentimos tangueros de ley. Y yo, que he recorrido mundo, puertos y puertos, que me he visto en muchas situaciones de peligro, que he conocido cárceles extrañas y que estuve a punto de ser estrangulado por un Tuareg en la India, qué iba a decir ahora sobre un ángel que vi aquella noche por única vez. Por más que el colorado Gavigliany y el taita Pulleiro agranden la historia, fue por única vez que vi al duende.